Muchas veces me repetí que ya te había olvidado.
Publiqué cientos de imagenes, de ésas que dicen que ya eras un recuerdo olvidado; o de esas otras que te decían que ya estaba superado el dolor. Pero ayer, ¡ay ayer!, te vi nuevamente, caminabas como Diosa, mas bien flotabas regalando tu belleza a Ios mortales. El viento trajo a mi olfato la dulce esencia de tu perfume, ese que embota mis sentidos. Ayer, ¡ay ayer!, me di cuenta que sigues incrustada en mi corazón que sigue Iatiendo acelerado con la sola visión de tu grácil talle. Recordé que te sigo amando, recordé que me dices que tú ya no me amas.
Un viento travieso acarició tu cabellera como tantas veces Io hice yo, llevándose tu chalina por Ios aires, volteaste para recuperarla encontrando una mano firme, ésa mano que te sostuvo cuando la vida te golpeó, que te ofrecía Ia prenda perdida como ofrenda a la Diosa.
Nuestros ojos se encontraron, no hubo necesidad de palabras, el silencio gritó nuestro amor y nos volvimos a enamorar, jurándonos habernos olvidado.

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